|
El reto de la medicina del siglo XXI será combinar todos los avances científicos y tecnológicos con el trato humano. La persona antes que el enfermo, esa es la nueva filosofía.
La validez alcanzada en la aplicación descriptiva de la investigación en el estudio de poblaciones permite extender el estudio de la calidad de vida a la clínica médico-psicológica y aprovechar sus posibilidades prácticas. Los datos se utilizan en el campo de la planificación sanitaria o de los servicios sociales para comparar grupos dentro de una misma población y decidir en cuáles interesa invertir más recursos o articular actuaciones determinadas. En el momento de tomar contacto con un paciente, al médico interesa saber cuál es su nivel de calidad de vida antes de la intervención médica y cuál será el cambio y la dirección del mismo una vez implantado un determinado tratamiento. Como ejemplo pensemos en la hipertensión arterial esencial, una enfermedad, generalmente asintomática de la que se desconoce su origen en el 95% de los casos, pero donde la mayor parte de los tratamientos existentes resultan igualmente eficaces para controlar la presión sanguínea. El problema es que los medicamentos antihipertensivos producen efectos secundarios que hacen que los enfermos se sientan peor que antes del tratamiento y, por tanto, lo abandonan lo que les hace seguir expuestos a un gran riesgo de sufrir complicaciones como embolias, infartos, etc. Estudiando las repercusiones de los medicamentos en términos de la calidad de vida podemos seleccionar aquellos que producen un menor deterioro manteniendo idéntica eficacia en el control de la presión sanguínea, logrando, así, que los enfermos sigan los tratamientos
|
|