A la vez que cambian las tecnologías de la información, están cambiando entre otras muchas cosas, la forma de entender el trabajo. El teletrabajo aprovecha estas tecnologías para independizar al empleado de una ubicación física. Es una forma flexible de organización del trabajo que consiste en el desempeño de la actividad profesional sin la presencia física del trabajador en la empresa durante buena parte de su horario laboral, abarcando una amplia gama de actividades profesionales y siendo posible realizarlo a tiempo completo o parcial.

No hay que confundir el teletrabajo como una profesión, ya que no existe como especialidad profesional. Nadie demanda teletrabajadores, sino traductores, administrativos, programadores, comerciales, etc. Lo que sí se puede esperar es que el empresario demande, por necesidades logísticas o falta de espacio, que la jornada o parte de ella se realice sin desplazarse a la oficina. Evidentemente, el teletrabajo no es factible en todas las profesiones, pero sí en todas las de índole intelectual. Son comunes situaciones de éxito en las profesiones de administrativo, traductor, agente de seguros, periodista, informático, creativos en general, abogado, profesor y tantas otras. En la mayoría de los casos no todo el trabajo se realiza fuera del despacho u oficina pero sí gran parte, siendo posible limitar la actividad presencial a sesiones de información y control en reuniones periódicas.

En la actualidad el teletrabajo no deja de ser un cúmulo de experiencias piloto que falta madurar. Todavía no somos del todo conscientes del impacto sobre nuestro trabajo y nuestras vidas, de este "tecno-entorno" que constituye un espacio global de trabajo. ¿Cuántas veces creemos hablar con un operador que ubicamos en nuestra comunidad mientras en realidad hablamos con compatriotas trabajando en la India, Argentina, Canadá u otros lugares lejanos? Nos falta una clara percepción de la realidad y de la formalización de este meta-entorno, desconocemos este lugar de trabajo extensivo donde cada uno puede reunirse virtualmente con otros, independientemente de la distancia, husos horarios o puntos de acceso.

Es poco probable que los factores que han motivado el desarrollo del teletrabajo desaparezcan: los problemas de tráfico aumentarán dificultando cada vez más el acceso al puesto de trabajo en las grandes capitales; el respeto al medio ambiente constituirá una mayor exigencia; las empresas necesitarán incrementar su flexibilidad y competitividad, tendrán que reorganizarse y contratar a personal más cualificado, mejorar el servicio al cliente y reducir los costes fijos. Dadas las circunstancias, parece probable que el teletrabajo siga creciendo en el

futuro. Sin embargo, expertos consideran que no se va a producir una revolución. Lo que parece más probable es un cambio paulatino de las formas de organización laboral como consecuencia de la revolución informática, en este sentido se está elaborando un proyecto de real decreto que regulará el teletrabajo y que permitirá que los trabajadores de la Administración General del Estado (funcionarios) que se acojan a esta iniciativa puedan trabajar telemáticamente la mitad de su jornada.

Más tiempo libre, mejor rendimiento que en la oficina, horario flexible, mejor calidad de vida. Adaptar el trabajo a la vida y no la vida al trabajo, sustituir obligación por responsabilidad. Estas al fin y al cabo parecen ser las bondades del teletrabajo. Pero a mi parecer y desde la perspectiva del trabajador, no todo son ventajas; inicio este artículo el sábado por la tarde, lo acabo la madrugada del domingo para que a primera hora del lunes pueda enviarlo por email para su publicación. ¿Significa esto que ya no hay fin de semana?

Fuente: Informatiu PIMEM
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¿Miedo a las Nuevas tecnologías?
Tiempo atrás se dirigió a mi una empresa extranjera con el objeto de explorar en nuestro país un negocio sobre nuevas tecnologías usadas en sistemas de supervisión de sistemas eléctricos. Para tal efecto visité varios clientes potenciales y afortunadamente encontré una gran empresa del rubro que tenía la necesidad urgente de implementar un gran proyecto en esta materia, lo que evidentemente me produjo una gran satisfacción y a mi socio una expectativa concreta de negocio.

Trabajamos mucho en los preámbulos del proyecto y finalmente caímos en una enorme decepción: En las bases de licitación escribieron que el oferente debía declarar que la tecnología propuesta haya estado implementada por mas de 10 años en proyectos de mayor envergadura que el licitado.

En otra ocasión, visitando potenciales clientes, me encuentro con la grata sorpresa de ver en una gran empresa minera con un amigo de la universidad, quien ocupaba un alto puesto y quien tomaba la decisión sobre la tecnología a emplear en un proceso de control automático.

Le expliqué sobre la tecnología que recién habíamos empleado en un proyecto en una empresa de menor envergadura y quedé con la impresión que realmente la entendió y que no cabía duda que sería la que emplearía en su proyecto. Finalmente la conversación terminó con la siguiente frase emitida por mi amigo: "Raúl, ¿tú quieres que yo pierda mi trabajo?

Lo más inteligente que se me ocurrió fue preguntar ¿por qué? La respuesta me dejó pensativo; me dijo que si hacía lo mismo que tradicionalmente hacían en su empresa- y no daba resultado- su trabajo no corría peligro, pero que si él innovaba y no obtenía los resultados esperados, era muy probable su despido.

Estas dos experiencias me demuestran el temor de incorporar nuevas tecnologías que existe en nuestro país, lo que me hace analizar sus causas e intentar dar algunas ideas de solución.

Miedo al fracaso.
Cuando innovamos, por ejemplo cuando utilizamos nuevas tecnologías, existe la posibilidad cierta que no resulte, al menos "a la primera" y, esto generalmente es castigado. Contrariamente cuando el empleo de tecnologías novedosas dan como resultado menor inversión, mejores resultados, menores costos de operación y otros beneficios, muchas veces los gestores no son premiados, entonces ¿para que arriesgarse?, mejor sigamos en lo mismo.

Cuando los gestores son los mismos que se beneficiarán (si resulta), es mucho más frecuente ver proyectos de tecnologías nuevas. Esto se da de preferencia en empresas de menor tamaño. Aquí el tema pasa por un análisis de riesgo, sin embargo en empresas de mayor tamaño nos encontramos con otros factores que muchas veces escapan al ámbito técnico.

Cuando en nuestro programa está la posibilidad de no tener éxito al primer intento, será posible

hacer proyectos innovadores. Por otro lado, también hay que tener programado sucesivos intentos, ya que, de lo contrario, si siempre abortamos los proyectos que no funcionan "a la primera", lo más probable es que no hagamos nada.

En definitiva, hay que tener en cuenta que el fracaso, o bien que no resulte a la primera, son  posibilidades en proyectos con tecnologías nuevas.

Por otro lado hay que tener en cuenta que detrás de las nuevas tecnologías hay profesionales serios y capacitados que no pondrán en riesgo su prestigio técnico y comercial.

¿Podemos disminuir el riesgo de fracasar?
Mi respuesta es absolutamente sí. Por una parte podemos disminuir el riesgo y por otro lado lo podemos acotar.

Siguiendo con mi experiencia personal, me acuerdo una vez que le presenté una idea novedosa a un cliente y después de muchas reuniones me dijo que tenía miedo de ir conmigo, ya que si bien es cierto que podría ahorrarse dos tercios de la inversión, no tenía garantizado el éxito.

Una posibilidad es que yo pudiera garantizarlo- lo que dada la magnitud de los recursos involucrados era imposible para mí. En definitiva, se nos ocurrió probar nuestra tecnología en una pequeña parte del proyecto aproximadamente la cuarta parte, que era bastante extrapolable al resto. Así, si no resultaba mi propuesta tendría un costo de inversión de un 8% mayor, pero si daba buen resultado, la inversión sería de la tercera parte. Afortunadamente resultó y después de la exitosa primera etapa seguimos con todas las etapas posteriores.

¿Más miedos?
Sí, y muchos más... Uno que suelo encontrar es que, en general, respecto a las nuevas tecnologías- al no ser populares y por lo menos en su inicio, se teme que habrán pocas personas que las dominarán y, por lo tanto, cualquier mantenimiento o modificación de las instalaciones se harán más engorrosas.

Mi consejo para disminuir este riesgo es que el usuario se involucre, en mayor medida, conociendo y capacitándose en estas tecnologías.

En resumen, usar nuevas tecnologías es más difícil, al menos en un inicio y, representa mayores riesgos que usar lo tradicional, sin embargo, si no las usamos no progresaremos y, quien no progresa termina muriendo.

Nuestro país tiene excelentes profesionales que permanentemente están buscando tecnologías nuevas y tienen una gran vocación para su correcta implementación. Entonces, démosles la oportunidad para que nos ayuden a progresar.


Raul Cobo
FABELEC

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