Una tarde cualquiera de verano en Palma podemos convertirla en una tarde entrañable. Entre las muchas ofertas culturales que en este verano nos han llegado al buzón de correo electrónico de la revista, para los amantes de los libros, de la literatura y, en especial, de la poesía, se encuentran propuestas como la que os documentamos aquí.
Una buena alternativa para pasar la tarde en una actividad cultural apartada de las soluciones de ocio estándares. Ir a un recital de poesía que se daba en Literanta. Una librería única en Mallorca. Con un gran stock de libros, una decoración armoniosa que incita a la lectura, a la tertulia y hasta al placer de tomar una copa en su barra de bar.
Adolfo Castaño, un poeta libre y maduro... El mismo nos recitaba sus propias poesías, asistido por su hijo, también escritor y periodista. Un grupo reducido de espectadores, donde podemos adivinar a los familiares de los protagonistas, se sienta frente a la mesa donde los dos, padre e hijo comienzan una lectura apasionada.
Quizá poco ortodoxa. Pero sin duda entrañable. Donde la emoción corre hasta provocar las lagrimas de algunos de los presentes. En especial del autor. Del propio Castaño que al leer sus poesías se emociona.
Obsérvenlo ustedes mismos en el pe
queño reportaje grabado en vídeo que les ofrecemos y que les sugiere pasar sus tardes de ocio con las propuestas culturales que tenemos en nuestras islas.
Es difícil conseguir una definición satisfactoria de cultura. Una posible sería el conjunto de obras o realizaciones e ideas que produce, intercambia, y mantiene la élite de una sociedad que se dedica al pensamiento y a las artes. Se trata de un concepto socialmente restrictivo, que define una realidad no directamente social, pero con evidentes significados en este aspecto. Esta es la acepción más difundida y vulgar de cultura. Otra podría ser la que se emplea en antropología: el conjunto de las obras del hombre. Se trata de una definición amplia, con cierto carácter estudiadamente difuso y vago. Cada intento posee algo de verdad, y no parece difícil ponerlas en una relación de diálogo y complementariedad. Son las formas típicas de cultura a las que se refiere la primera definición las que constituyen la expresión más acabada de un modo de entender y actuar de determinado grupo humano definido en términos de espacio y tiempo. Actualmente se dan dos procesos culturales claramente emparentados entre sí. Por un lado el fenó
meno de la división del trabajo y los cambios tecnológicos han convertido al bien cultural en un bien comercial, susceptible de gestión, producción masiva e intercambio. La mediación de empresas especializadas desempeña un papel clave en este proceso. Por el otro, las propias empresas se han convertido en una institución fundamental de las sociedades actuales: no es exagerado afirmar que la cultura de nuestras sociedades actuales está fuertemente condicionada por las formas empresariales de comprensión, acción y organización. Puede decirse que en la actualidad, la empresa, es a la vez, vehículo de cultura (al mediar entre el productor del bien cultural y el público) y generadora de cultura (al formar nuevas formas de interacción del hombre con el medio). De este modo, y en su carácter de formadoras de cultura, las empresas que se dedican a la gestión, producción y difusión del bien cultural aparecen revestidas de un particular interés. Es de ellas quien depende en buena medida el futuro de la cultura.
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